Jesús J. de la Gándara, jefe del Servicio de Psiquiatría del Hospital General Yagüe de Burgos, analiza la salud mental de los ciudadanos de hoy en día, siempre con un toque de actualidad.
ELMUNDO.es.-Hace tiempo que algunos usaron el apelativo peyorativo de “malaria urbana” para referirse a esa epidemia de tristezas, fatigas, agotamientos, mialgias, alergias… y otros males posmodernos que afectan masivamente a tantas personas ciudadanas. La mala vida urbana, dijeron unos; psicosomatosis posmodernas, adujeron otros; será el estrés, sentenciaron los más acomodaticios.
Y es que el estrés es un comodín que a todos nos viene bien. Que no sabemos cómo explicar una depresión: el estrés. Que no sabemos por qué un joven le ha dado un infarto, por estrés. Que aparece un tumor absurdamente inesperado, el maldito estrés.
Que el estrés de la vida urbana afecta a nuestras mentes y cuerpos parecía una evidencia sin necesidad de demostración. De hecho, hace un par de años, unos expertos sociólogos demostraron que vivir en las grandes ciudades produce miedo, y éste produce angustia, y ésta limitaciones fóbicas y estas ya son enfermedades. También hay quien asegura que las depresiones, ansiedades y psicosis son más frecuentes en las ciudades que en los pueblos. Y el elogio de la vida sosegada, desde el 'Beatus ille' de Horacio, a la 'Vida retirada' de Fray Luís de León, es uno de los lugares más comunes de la consejoterapia sabionda.
Pero ahora las ciencias avanzan una barbaridad, y lo que antes creíamos u opinábamos, ahora ya lo sabemos gracias a unos sesudos investigadores alemanes y canadienses que han demostrado que educarse, crecer, madurar y vivir en un estilo de vida urbano afecta no sólo a cómo nos comportamos, sentimos, relacionamos, etc., sino a cómo funcionan nuestros cerebros.
Las sofisticadas técnicas de neuroimagen actuales permiten observarlo con suficiente seguridad como para que no debamos dudar de dicho efecto. La amígdala y otras zonas conectadas con ella, implicadas en cómo nos manejamos y reaccionamos en situaciones de estrés, se activan excesivamente, podríamos decir que se 'arroban', se 'acaloran' y 'encienden' (fenómeno del kindling), lo cual es decididamente peligroso para la salud mental de las personas.
Ahora ya sólo falta conocer el mecanismo íntimo por el que tal efecto se produce. Pero llegará. Es cuestión de tiempo. Mientras tanto, no nos vendría mal reflexionar, sosegarnos, mirarnos al espejo y aprender a modular nuestro estilo de estilo de vida pos-hiper-ultra-super-moderno de acuerdo con las sabias enseñanzas de nuestros clásicos, como Fray Luis

